Con el "revival" (evocación y deseos de retorno al pasado) de los trajes regionales, por ahora sólo femeninos, hemos indagado sobre cómo se concretan en el siglo XIX -sin remotarnos más allá, pues terminaríamos en Adán y Eva-, y esto es lo que hemos encontrado.
En los años diez, con imagen en blanco y negro, el modelo se nos muestra con vestido largo sin cintura, chal de lana con flecos destacados para abrigar hombros y brazos sobradamente y zapatos cerrados con tacón.
Cuarenta años antes - en el
Sexenio democrático- la riojana se adorna con vestido estilizado en cintura y vaporoso y amplios pliegues bajo caderas además de mandil más oscuro conjuntado con corpiño y mangas. El color dominante es el pardo en distintas gamas tanto en el textil como en el calzado. Sobre hombros pañuelos coloristas y floreados sobre fondo rojo.
¿Cuál de las dos? Nos quedamos con ambas. Pardas o negras, siempre son morenazas de la tierra.