Hombre de clase
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31 - VIII - 2004



Eran otras fechas. Aún seguía unida la Yugoslavia de Tito. ¡Quién lo iba a decir!. La Hélade estaba a años luz de la Grecia de los Juegos que nos han retenido esta última quincena tantas horas frente al televisor. Los dólares USA y los billetes "grandes" de peseta -los de 5.000-, tan recien salidos de la FMT como para que en la sección de cambios para los "xenos" de la frontera resultaran desconocidos, nos servían de fondo en nuestras excursiones al exterior. El medio de transporte, un 127 amarillo con matrícula M; la casa, una canadiense -con "pórtico", eso sí; y el hogar, un "campingás monofuego" para los huevos fritos, tortillas,... y desayunos calientes. Han pasado dos décadas.

Recorrimos España, la France, Italy y Yugoslavia, con el cientoveintisiete sin cambiar el aceite, y entramos en el mundo helénico por la frontera norte, durmiendo la primera noche en uno de los dedos de la Calcídica. Excelente Camping. Tesalónica está llena de iglesias bizantinas y de bares cerrados a partir de las 10 de la noche. Por la Guía del Trotamundos nuestro primer contacto con la cultura clásica fue nocturno y en una de las laderes de Delfos. La emoción, al contactar de día con las imágenes y fotos de los libros de Arte y de Historia con los que estudiamos y trabajábamos, nos supuso medio carrete de fotos dedicadas al "tolo circular". [De vuelta no nos lo explicábamos: eran todas prácticamente iguales].

La festividad de la "Mamma de Cristo", las celebraciones de los italianos de los misterios eleusíacos en Atenas, tantas obras de arte tiradas por los suelos, las terneras colgadas de las moscas, ... y especialmente el fuerte, el fuertísimo calor -si te dejabas las botellas de dos litros de agua eras mujer y hombre muerto - atemperaron nuestras emociones y sobre todo el gasto de los carretes.

No obstante, pudimos enseñar con orgullo, al volver, nuestras poses en la ventana de uno de los monasterios colgados de Meteora -yo con cara de vértigo incorregible-; el paseo por la Stoa de Atenas en slip y bikini; el sacar pecho apoyándonos en una de las columnas del Partenón; la pequeñez del hombre y la mujer en las murallas de Tirinto, Corinto, Pilos, .... , la ferocidad de los espartanos y sus montes y eso de las talasocracias. Y la mejor, el pie sobre la salida para correr por el Estadio de Olimpia, el Estadio Olímpico por excelencia. ¡Cómo no entender que nuestro Hércules del peso, Manolo, no se desconcentrara, y simplemente llegara al Diploma! Si a cualquier mediterráneo una simple foto le coloca, ¿Cómo no le iba a suceder a él que salía por la tele?.

Junto a las imágenes contextualizamos los recuerdos y las experiencias. La cena en un bar -eso es lo que era- del barrio de la Plaka con sirtaky incluido; el terremoto o maremoto, según opiniones, en Patrás; la representación de Medea en Epidauro al son de cigarras desesperadas y las posaderas ardiendo; y en fin,... -no se me olvidará nunca- el postre de aleación de frutos secos de los aislados pueblecitos costeros del mar Egeo.

Este ha sido el mérito de las Olimpiadas de Atenas de 2004: volver a vivir un viaje cultural a la Grecia Clásica después de más de dos décadas. ¡Cada uno experimenta los acontecimientos como quiere o puede!

Continuará ...

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