A lo largo del siglo XIX y gran parte de la primera mitad del siglo XX, la pelota, como espectáculo, desempeñó en La Rioja, y en especial en Logroño capital, un papel muy destacado como elemento de cohexión social.
En ello desempeñó un papel destacadísimo el Frontón asociado al "trozo" de muralla del Revellín en un primer momento, y después de 1912, el edificio de nueva planta levantado en la Avenida de las Adoratrices, con el nombre de Beti-Jai.