
La
primera quincena del mes de junio de 1890 resultó muy movida para
muchos habitantes de Logroño.
Para unos, los "prohombres",
porque debían homenajear a los "ilustres huéspedes"
que venían a la inauguración; y para otros, en especial para
las mujeres "más humildes", porque suponía su selección
como "cigarreras" un aporte económico para sus casas.
Los primeros no escamotearon gastos ni esfuerzos. Desde el día cinco se
celebraron reuniones para preparar el recibimiento, los festojos y la estancia
del Presidente, D. Amós Salvador, y de los Consejeros de la Compañía
Arrentataria. Se organizaron banquetes; se levantaron arcos; se efectuaron
encendidos generales; hubo "profusión de pólvora, colgaduras en los
balcones, banderas y música". Todo un mundo de fiesta y de poesía.