hacia el Régimen Liberal. Siglo XIX
Sociedad Económica de La Rioja Castellana
El
año 1783 puede considerarse como la fecha clave del nacimiento de
la conciencia provincialista riojana. Sin duda existen experiencias
anteriores de sus habitantes que comportan tendencias unitarias
administrativas, pero nunca habían sido consensuadas ampliamente
en el interior de la región, ni refrendadas, lo que es más importante,
desde las instancias superiores o Gobiernos.
En 1783 "se reunieron cincuenta y dos pueblos de la Rioja a tratar
de los medios de facilitar la extracción de sus cosechas de vino
que cada día se aumentaban y mejorarlo"... En la reunión se buscaba,
como leemos en el documento, formar una Sociedad con fines eminentemente
crematísticos, articulada bajo los intereses vitivinicultores. La
respuesta de Su Majestad a esta iniciativa llegó cuatro años más
tarde por Real Orden de 25 de enero de 1787, permitiendo la agrupación
de "los representantes de los pueblos de Rioja", bajo la supervisión
del Señor Intendente de Burgos, para realizar una Junta, que se
efectuó el día 16 de abril del mismo año, "en la que se trató de
arreglar los Estatutos con que la Sociedad había de gobernarse".
Y, en efecto, fueron aprobados por Real Cédula del 12 de abril de
1788: Otra Real Orden del 7 de enero de dos años después, 1790,
estableció que la Real Sociedad Económica de la Rioja castellana,
como fue denominada, se compusiera de "un comisionado de cada uno
de los pueblos de su demarcación". Por fin la Sociedad inició su
vida celebrando las primeras Juntas Generales a lo largo de una
semana, desde el 8 hasta el 13 de mayo de 1790, en la casa particular
de un hacendado de la Villa de Fuenmayor.
Los intereses económicos
Hemos acumulado intencionadamente en el párrafo del encabezamiento
todo un conjunto de fechas para poner
de manifiesto la dinamicidad de las poblaciones vitivinicultoras
riojanas en la penúltima década del siglo XVIII, como ocurrirá también
en los últimos años del mismo siglo, para alcanzar iniciativas administrativas
conjuntas en la región. Los continuos contactos de estos aproximadamente
veinte años entre sus habitantes fomentaron especialmente una integración
de intereses gremialistas de este sector económico, finalidad central
y última de la Sociedad, pero a la vez auspiciaron unos comportamientos
y formas administrativas autónomas -Cargos, libros de Actas y de
Cuentas, rituales de la Sociedad, ...-, y sobre todo, una nomenclatura
que cimentará más tarde en intenciones y objetivos más elevados.
Por primera vez se oirán en sus reuniones formales, por ejemplo,
palabras, incluso pronunciadas por las Autoridades gubernamentales
que las presidían, tales como "Junta Nacional de la Rioja Castellana"
, "pueblos de su demarcación", ... que implicaban ya unas intenciones
ulteriores al plano económico en el que teóricamente se movían.
Aquí están, sin duda, los inicios ideológicos y prácticos del que
será posteriormente el movimiento provincialista riojano.
A las primeras Juntas celebradas en la villa de Fuenmayor en 1790
asistieron 52 "apoderados" de un total de 54 poblaciones riojanas
administradas desde la Intendencia de Burgos, cuyos nombres y correspondencias
con sus localidades representadas, se recogen en el
Mapa
3 y en el
Cuadro
1. Confraternizaron durante una semana
seguida, proponiendo, discutiendo, acordando, ... y votando de forma
autónoma, sus problemas económicos comunes. La cuestión estrella,
y legalmente admitida, era "proponer medios y arbitrios menos gravosos
que proporcionen fondos para llevar a efecto el Camino proyectado
por el Arquitecto Don
Francisco de Echanove ... desde el confín
de Logroño con Agoncillo, que se ha de dirigir por esta Ciudad,
Fuenmayor, Cenicero, Montalvo, la Estrella, Briones, Jimileo, Haro,
hasta el confín de Cellorigo".
Pero además de conferenciar sobre fiscalidad, lo hicieron también
sobre otras cuestiones de menos fondo, aunque sustanciales desde
otras perspectivas, como son las que a nosotros nos interesan en
cuanto impulsoras de la integración del territorio regional al que
representaban para una posible posterior administración provincial.
Por ejemplo, se acordó solicitar el concurso e integración en la
Sociedad del resto de las poblaciones de los partidos burgaleses
riojanos con cabeza en Logroño y Santo Domingo, así como hacer lo
mismo con aquellas otras consideradas riojanas aunque pertenecientes
a la Intendencia o provincia de Soria. Así aparece recogido en las
Actas oficiales de la Junta: "se acordó el suplicar a los Señores
de la Diputación, que con urbanidad, que les es tan propia, se sirvan
pasar sus Oficios persuadiendo, e inclinando a los Pueblos de Cosecha
de los Corregimientos de Logroño, y Lacalzada y a los Agregados
de esta Rioja Castellana a la Intendencia de Soria a que se unan,
e incorporen a esta Sociedad". La cordialidad -"urbanidad"- exigida
por los comisionados de la Junta a los Cargos de la Sociedad al
tratar el asunto pretende evitar problemas y suspicacias. Más, evidentemente,
a la administración central y a la correspondiente división territorial
del Reino, que a las propias poblaciones riojanas administradas
desde las Intendencias de Soria o de Burgos.
La "llamada" fue exitosa. Aunque no conocemos el ritmo de incorporación
de las poblaciones ajenas al núcleo fundador de la Sociedad, coincidente
con la mayoría de los municipios hoy considerados de La Rioja Alta,
sí sabemos que al final del siglo se reunían más de "ciento cincuenta
vocales ... como representantes de otros tantos pueblos", y que
éstos correspondían con "todos los pueblos comprendidos en el mapa
de Rioja del geógrafo
D. Tomás López".
Las intenciones políticas
La Sociedad, pues, cuando se iniciaba un nuevo
siglo, había crecido en objetivos al eliminar la exclusividad de
tener que ser sus miembros "pueblos de Cosecha". La ampliación supuso
problemas en la distribución de inversiones, ya que las poblaciones
cosecheras priorizaban los gastos en la construcción del Camino
con mayúscula, mientras que las no cosecheras los exigían para "componer
los malos pasos que había en cada pueblo". Pero también aportó mayor
fuerza reivindicativa al extender su demarcación territorial y,
sobre todo, supuso una mayor integración administrativa de poblaciones,
básica para cimentar peticiones posteriores. En los litigios entre
los "dos intereses distintos que chocaban por no entenderse" triunfó
la corriente más poderosa, y también la más tradicional, como siempre
había sucedido en otros temas.
Sin embargo, la experiencia participativa no había sido baldía.
Y aunque el sistema de representación en la Sociedad por "apoderados"
de cada población fue anulado por Real Orden de S. M. el 22 de julio
de 1801, se respetó la territorialidad representativa de la misma
y sobre todo el espíritu regionalista autónomo emanado a lo largo
de estos años. Y no sólo eso, sino que el nuevo sistema orgánico
de la Sociedad que nació de esta Orden -nombramiento de "una Junta
de veinte individuos a propuesta del Ilustrísimo Obispo de Calahorra
(en estas fechas un miembro de la familia de los mayores terratenientes
de la región, los Aguiriano,
Francisco Aguiriano Gómez) que constituyó
Presidente, elegidos entre los más ilustres y celosos de los partidos
de Logroño, Nágera, Haro-Briones y Lacalzada, que entonces componían
la Sociedad, habiéndose agregado después otros cinco por el partido
de Calahorra a instancia de el mismo"- supuso un incremento considerable
en la conciencia "emancipadora administrativa", pues estos Cargos
se consideraban, y de hecho lo eran, los más favorecidos si se alcanzaba
la autonomía en los negocios públicos de las cabezas de Intendencia
de Soria y Burgos.
Por ello esta nueva experiencia rectora de la Sociedad Económica
fue anulada más rápidamente que la anterior, en menos de un año,
por otra Real Orden de 22 de junio de 1802. Por ella se "puso la
Sociedad bajo la inspección inmediata y exclusiva del Señor primer
Secretario de Estado y del Despacho como Superintendente general
de Caminos", y así permaneció hasta la guerra contra los franceses
en 1808, fecha en la que se abrió una nueva forma de búsqueda hacia
la constitución de la provincia fundamentada por intereses muy distintos
de los de ahora defendidos por la Real Sociedad.
El motor de la integración de la Sociedad fue el interés económico
de los mayores hacendados riojanos con amplias extensiones en aranzadas
de viñedos. Su inquietud por mantener o acrecentar sus beneficios
fue, y sigue siendo hoy, una constante del sector vitivinícola riojano.
Y para ello en las décadas puente entre el XVIII y el XIX se ayudaron
de todo tipo de medios. Hicieron competencia desleal a los demás
productos agrícolas de la región sin reparar en sus daños. Exigieron
a comerciantes y transportistas -mercaderes y arrieros del momento-
cláusulas abusivas en los intercambios. Pero sobre todo presionaron
en las altas instancias gubernamentales y se sirvieron de los poderes
fácticos a través de las Secretarías de Estado y de los Despachos
de los Consejos madrileños. Con estos medios arrancaron Privilegios
y Provisiones Reales y formaron agrupaciones proteccionistas del
tipo de la Junta de Cosecheros de Logroño y de otras poblaciones,
o de la misma Real Sociedad Económica de Cosecheros de la Rioja
castellana de la que ahora nos ocupamos.
Retórica de "La Matrona"
Este transfondo fundamentalmente económico de las Juntas de la Sociedad
Económica de Cosecheros, sin embargo, se veló con abundante retórica,
con pura poesía, como es bien patente hasta en el emblema para sellar
sus acuerdos, o mejor aún en el Romance endecasílabo que dirigía
a la Real Sociedad de la Rioja Castellana, Don Manuel Pedro Sánchez
Salvador y Berrio: leído en las Juntas Generales en Haro el día
8 de mayo de 1796 . "En la margen feliz, que el ancho Ibero con
apacible curso fertiliza, noble Matrona descuidada yace al murmurio
halagüeño adormecida ..... El cuerno de Amaltea, que en sus brazos
era de la abundancia rica insignia, cae en el suelo descuidadamente,
y el suelo llora su cercana ruina:" Como también quedaron ocultas
otras muchas intenciones, incluidos hasta los escasos resultados
prácticos generales aportados por la Real Sociedad a La Rioja desde
sus inicios hasta cerrada la guerra "contra el invasor francés",
pese a que unánimemente sus protagonistas, cómo no, y la literatura
elaborada posteriormente sobre el tema , proclamara su eficacia.
Y es que el rosario de ideas y propuestas tratadas en sus reuniones
anuales se quedaron casi siempre en un mero catálogo de buenas intenciones,
en cuasi-florituras poéticas, al estilo de estos ocho versos en
consonante del mismo Romance mencionado anteriormente: "A Mercurio
sagaz su mensagero con presto vuelo del Olimpo envían a disipar
el sueño, que a su amada con torpe languidez tuvo oprimida:" .....
"Dexa, la dice, o Rioja, el torpe sueño, en que con gusto, y sin
honor yacías; conoce tu interés, y pues los Dioses aman así tu bien,
sean tu guía: Prosperarás, no dudes, extrayendo, sigue mi voz, y
seguirá tu dicha, dixo, y tornando a la mansión celeste, vio la
Matrona levantarse activa".
Pero la "Matrona", entiéndase la Real Sociedad Económica de Cosecheros
de La Rioja Castellana, sólo concluyó el Camino desde Logroño "en
el confín de Agoncillo ... hasta el confín de Cellorigo". Y no hizo,
al "levantarse activa", mucho más con anterioridad a la Guerra de
la Independencia. Sin embargo fueron germinando otras posibles intenciones
e intereses, también ahora escasamente diáfanos, pero de gran valor
posterior para la búsqueda de una más provechosa, para los intereses
de los grandes hacendados, "autonomía provincial administrativa".
Se había conseguido poner en marcha entre los pueblos de La Rioja,
aunque no exenta de problemas varios, una cierta unidad esencialmente
económica, y sobre ella se fue fraguando otra de tipo muy distinto,
pero de más amplios vuelos y posibilidades, que desembocaría en
una tendencia integradora de marcado acento político. Si los riojanos
podían resolver por sí solos las necesidades de las infraestructuras
viarias de su demarcación, ¿por qué iban a tener que acudir a tantas
leguas, es decir, a Soria y Burgos, para solventar los asuntos de
cualquier otro signo?. Busquemos, pensaron en consecuencia, superar
la dependencia administrativa y convertirnos en provincia independiente,
con nuestra capital mucho más cerca. La conciencia provincialista
estaba clara. Pero su definición política concreta aún no llegará,
aunque la Real Sociedad Económica siguió viva y activa e incluso
en las Juntas Generales celebradas en la Ciudad de Logroño el 3
de septiembre de 1805 se definieran los límites territoriales regionales
en una Disertación Geográfica para demostrar "qual deva"
ser la extensión de la Rioja. Se deberá esperar algunos años, no
muchos. Se producirán coyunturalmente otras circunstancias y modos
de relacionarse entre las poblaciones riojanas, así como también
un relevo generacional de protagonistas que asumirán la conciencia
provincialista riojana desde esta óptica, como veremos.
Temas ... hacia el régimen liberal en La Rioja