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Ley Progresista de 1837:
Jornadas electorales  
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La Ley Electoral en su capítulo IV sobre "el modo de hacer las elecciones" regula dos cuestiones fundamentales referidas a las jornadas electorales: la constitución de la Junta Electoral de cada Distrito y la cuantificación y horario de los días de votación. La constitución de la Junta Electoral es una votación dentro de la elección general de máxima importancia, y la segunda cuestión aportará datos significativos sobre el ritmo de las votaciones por días y poblaciones en los Distritos.

Constitución de la Junta Electoral de cada Distrito. El Ayuntamiento de la población cabeza del Distrito, "con un día al menos de anticipación", designa "el sitio" para la constitución de la Junta Electoral. Los electores que concurren "durante la primera hora íntegra" después de las nueve de la mañana del primer día de elecciones nombran "a mayoría relativa de votos" "un presidente y cuatro secretarios escrutadores de entre los mismos electores presentes". Estos forman la Junta Electoral del Distrito. Las cinco personas se ocupan de la dirección total de la votación en las distintas jornadas y tienen concedidas unas atribuciones tan amplias que se convierten en una llave esencial de la elección. El Presidente hace entrega de la papeleta electoral a cada votante. Después de cada jornada realizan el escrutinio de los votos, fijan la lista de votados y votantes en el exterior del edificio electoral, resuelven sobre las papeletas a anular, extienden y forman las Actas del Distrito, y tienen en sus manos la resolución de dudas y reclamaciones presentadas por los electores recogiéndolo en el Acta "si el reclamante lo pide". Además uno de ellos asistirá como comisionado al escrutinio general de los votos en la capital de la provincia con poderes decisorios con los restantes comisionados.

Los poderes concedidos a los integrantes de la mesa electoral covierten a la primera hora de la elección en una lucha entre los oponentes políticos de gran trascendencia para la elección de los Diputados y de los propuestos para Senadores. De aquí la conflictividad consecuente que produjo el dominio de la mesa electoral. La historia española está llena de actos de picaresca, enfrentamientos o corrupciones, descritas con gran gracejo por la literatura coetánea, y recogidas en las Actas de Sesiones del Congreso después de cada una de las elecciones celebradas. Se han escrito textos donde se relata cómo "presidían los fraudes pícaros de vara y monterilla", y en los que se refleja que cualquier ocurrencia era motivo suficiente para eliminar al enemigo electoral. Los colegios se instalaban en los lugares más insólitos. Se adelantaban o retrasaban los relojes de los Ayuntamientos a gusto de los bandos dominantes. Se embozaban, "en plena canícula " de julio, con la capa "para el escamoteo de las papeletas". Se preparaban alborotos delante de las entradas de los colegios cuando las votaciones eran adversas "terminando encerrados" los no culpables y los notarios que iban a certificar sobre los resultados. Y en situaciones extremas se cortaban hasta los puentes para que los electores optaran entre el peligo de ahogarse, morir de frío o llegar tarde o nunca a la elección.

No tenemos constancia en La Rioja de estas situaciones extremas relatadas para el período correspondiente a esta Segunda Parte. Sí exiten protestas sobre la elección de la mesa de las Juntas Electorales de Distrito, recogidas en las Actas del Escrutinio general de la provincia, que concuerdan con el ambiente de corrupción señalado. En otras ocasiones, auque no se transcriben las protestas, se deducen los manejos.

Los mayores problemas en la constitución de las mesas electorales se dieron en las elecciones del verano de 1839. En el Distrito de Arnedo no se respetó la legislación vigente al no utilizarse la votación secreta para la elección de cada uno de los componentes de la Junta Electoral. El Presidente y todos los Secretarios escrutadores menos el último, fueron elegidos por aclamación a mano alzada, en lugar de por votación de papeleta secreta. Fue anulada el Acta por la Junta Escrutadora de la provincia. Posteriormente fue desestimada esta decisión por la Comisión de Actas del Congreso el 22 de septiembre de 1839. Estas decisiones contradictorias motivaron medio año de elecciones continuas en toda la provincia ya que ambas anulaciones cambiaron la cuantificación de votos entregados a cada candidato. En la segunda vuelta de estas elecciones, en protesta de la decisión de la Junta Escrutadora Provincial no fue posible instalar la mesa en el Distrito de Arnedo por falta de concurrencia de votantes. También en el Distrito de Alfaro hubo problemas en esta segunda vuelta. El Alcalde, al no asistir electores de 9 a 10 de la mañana del primer día de elecciones, disolvió la elección. Las consultas evacuadas a la Diputación Provincial aconsejaron celebrar las votaciones. Pero ya restaban únicamente dos jornadas electorales.

El Ministro de la Gobernación, posiblemente, para evitar los problemas ocurridos en 1839, estableció unas medidas que asegurasen "un exacto y escrupuloso" cumplimiento en la elección del Presidente y Secretarios escrutadores de los Distritos. La Real Orden, en cinco apartados, se recoge en el BOPL del 16 de enero de 1840. La elección se verificará recibiendo las papeletas de todos los electores que se presenten durante la primera hora íntegra, con una papeleta marcada con una contraseña. Se evitarán la formación de grupos junto a los que distribuyen las papeletas con contraseña. Todos los que tienen estas papeletas tendrán derecho a la elección de los cinco miembros de la mesa.

Los problemas en la constitución de las mesas electorales, sin embargo, no se resolvieron. En nuestra provincia se presentaron protestas de irregularidades en la elección de 1840 en el Distrito de Anguiano, y en el de Arnedo y Ausejo se dedicó íntegramente el primer día de las votaciones para la constitución de la mesa con lo que se disminuyó en un día las cinco jornadas electorales. Ningún tipo de reclamaciones tuvo respuesta positiva.

En las normas dictadas para las elecciones de febrero de 1841 por el Secretario de estado y del Despacho de la Gobernación se legalizaron los problemas descritos en Arnedo y Ausejo del año anterior, al indicar en su quinto punto que "se recibirán los votos de los electores que a las diez de la mañana estuvieren dentro del local destinado para la elección, aún cuando sea necesario emplear en ello más de la hora señalada en la Ley, cuidando el Presidente de tomar las precauciones oportunas, a fin de que no voten los que llegaren después". La falta de una ley de delitos electorales hacía que las autoridades competentes siempre fueran detrás de las corruptelas para buscar esquivarlas. Parece que esto nunca fue posible, o incluso parece que hasta no interesaba.

Algunas Actas de Distritos Electorales, y todos los nombres de los Comisionados de éstos en las Juntas de Escrutinio General de la provincia, nos ayudarán a profundizar en las personas que ejercieron el control de las mesas electorales durante el período que estamos examinando. Las fuentes no son totalmente completas pero representan un porcentaje significado principalmente para algunas elecciones. Con los nombres de todos los comisionados de los Distritos en cada elección descubrimos un 25 % de los miembros componentes de las mesas. Poseemos además todos los nombres de los integrantes de las mesas en todas la elecciones del período para el Distrito de Haro, más los datos sueltos de los nombres de los miembros de la mesa del Distrito de Arnedo en la elección del verano de 1839, los de las mesas de doce Distritos de la elección de febrero de 1841 impresos en el BOPL conjuntamente con las listas nominales de los votantes, los de 18 Distritos de los 23 de elección de septiembre de 1844, en la misma fuente. El total de personas identificadas con estas fuentes son alrededor de 350. Aproximadamente un 35 % de la totalidad.

Las conclusiones a las que se llegan son:
  en cuanto a los comisionados de las cabezas de los Partidos Judiciales al Escrutinio General de la provincia: en cuatro Distritos una misma persona está en el grupo componente de la mesa en tres elecciones distintas de las diez celebradas (Alfaro, Nájera, Torrecilla y Haro). Forma parte de la mesa electoral en dos elecciones distintas: cinco personas de Logroño; cuatro de Cervera, Santo Domingo, Alfaro y Torrecilla; tres de Arnedo y Nájera; y dos de Haro y Calahorra. La reiteración de las mismas personas ejerciendo el control de la elección es muy señalada, como vemos, en cinco Distritos, y más débil en otros cuatro, de los nueve que estamos examinado -las cabezas de los Partidos Judiciales-. Relacionando las frecuencias más altas de repetición de las mismas personas en las mesas electorales de los Distritos con los momentos históricos encontramos que se refieren dominantemente a los años del dominio esparterista y a los inmediatamente posteriores a su caída. Las reiteraciones son prácticamente inexistentes en las elecciones anteriores al trienio esparterista.

Las cuatro que pertenecen en tres ocasiones distintas a las mesas de los Distritos son: Claudio Gelos en Alfaro (1841, 1844 y 1845-parcial de enero); Julián Sáenz en Nájera (1841, marzo 1843 y parcial de noviembre de 1845); Francisco Escolar en Torrecilla (1841, marzo y septiembre de 1843); y Benito Villasante en Haro (1839, marzo y septiembre de 1843). Como observamos por las fechas corresponden con los momentos históricos previamente señalados. Excepto el señalado para Alfaro y el de Torrecilla, que es tío de Sagasta, los restantes carecen de significación dentro de las élites económicas y políticas provinciales. Más señalada importancia en ambos conceptos tiene un buen número de los miembros de las mesas que se repiten en dos ocasiones diferentes. Cenón María Adana, por ejemplo, del Distrito de Logroño, será varias veces Diputado a Cortes, Diputado Provincial y Alcalde de la ciudad. Diego Fernández Pérez lo mismo, aunque sólo como Alcalde de la capital. Otros son los más importantes contribuyentes, o familiares de éllos, de las respectivas poblaciones que representan en la mesa. Es el caso de José Pío García de Nájera; de Felipe Escudero de Cervera; o más señalado aún, de Vicente Orovio, hermano mayor del después conocido político nacional Manuel, representando a su pueblo natal de Alfaro. Los Jefes milicianos también aportan amplio número de controladores electorales. Manuel Gómez (Logroño, Diputado a Cortes en el Bienio Progresista), Elías Remírez (Alfaro), Bernardino Cambra (Calahorra), ... son algunos de ellos. Las profesiones liberales prestan los abogados. Asoman también los apellidos familiares de personas que con el tiempo formarán los principales núcleos caciquiles de La Rioja, como los López Montenegro, los Salvador, los Martínez de Pinillos, los de Mateo,...

  Los componentes de las mesas del Distrito de Haro nos permiten profundizar aún más, ya que podremos trabajar sobre 55 nombres de Presidentes y Escrutadores de las mesas de once Actas del Distrito, entre las primeras y segundas vueltas, del total de los 70 posibles entre todas las elecciones . Las frecuencias son las siguientes: una misma persona está presente en cinco elecciones distintas; tres personas en tres elecciones; y 31 personas no están más que una única vez en las mesas en todo el período. Traducida en porcentajes tenemos que un 56,3 % de los puestos son ocupados por electores diferentes, mientras que el resto se ocupa por personas que repiten dos veces en un 41,7 %, tres en un 37,5 %, y cinco en un 20,8 %. Estos porcentajes crecerían aún más si sumáramos las personas con el mismo apellido: los Pisón, los Velunza y los Zulueta. No se confirma, sin embargo, la reiteración de personas en la época del esparterismo, tal vez porque no fue para la clase política de Haro nunca una forma política a seguir. Sus élites políticas están más inclinadas por el progresismo de Olózaga y por el moderantismo.

El comportamiento general de los Presidentes y Secretarios Escrutadores fue procurar el acarreo de los votos para llevar a sus preferidos a las Cortes. Pero no siempre buscaron este fin. En septiembre de 1844, con el moderantismo triunfante, los componentes de la mesa electoral de Logroño-capital no votaron, y además, controlaron la abstención, tan estrechamente, que sólo se contabilizaron en las cinco jornadas trece votos. El partidismo y las arbitrariedades se reflejaron perfectamente en el control de ciertas personas. En unos casos fueron admitidos votos como válidos aunque el nombre del votado no estuviera íntegramente expresado en la papeleta, mientras que en otros fueron anulados . También se admitieron votos condicionados al examen en el Escrutinio General de la provincia de personas no incluidas en las listas, cuando se establecía con absoluta claridad en la Ley su incompatibilidad.

La conclusión general de este examen parcial de las elecciones del período nos lleva a establecer ya, como incipientes, muchos de los vicios electorales que harán de las elecciones posteriores españolas un mero juego sin verdadera selección de los representantes. Están aquí presentes "los controladores" del voto (posteriormente caciques) y la manipulación de las Actas de los Distritos.

Cuantificación y horario de los días de votación. Los electores contaban con "cinco días seguidos" para depositar sus votos en las urnas, empezando a las "ocho de la mañana, excepto el primero" ... y continuando "sin interrupción hasta las dos de la tarde" (art. 27 de la Ley). Cada día se hacía el escrutinio. Esta práctica posibilita el examen global del ritmo de las votaciones por jornadas, y cómo se dio la asistencia a las urnas según poblaciones. Los datos para el estudio proceden de las Listas de Votantes de cada uno de los Distritos publicadas por el BOP, y contrastadas con las Actas de los Escrutinios Generales de la provincia, tanto de las impresas en los BOP como de las copias certificadas y conservadas en el ACE. Se realiza sobre todas las elecciones excepto las primeras generales (año 1837) y las parciales de 1838, que no llegaron a publicar ls listas de votantes.

No existen muchas constantes generales en el total de las elecciones del período que marquen el ritmo diario electoral. Tal vez pueda señalarse la frecuente mayor afluencia de electores en el último día de las cinco jornadas, sobre todo en aquellos Distritos donde se dio una auténtica pugna entre las dos tendencias políticas.

También pueden apoyarse las hipótesis de la existencia de cierto recelo para acercarse a votar en la primera jornada, día de la composición de la mesa. Examinada la documentación total existente sobre la participación de cada dia, parece que se da esta alta generalidad. Es verdad que en algunos Distritos no se confirma del todo, pero se refiere a elecciones muy concretas. Por ejemplo a la última con Espartero en el poder -marzo 1843- y a contados Distritos de las últimas elecciones del período -septiembre 1844-.

Un segundo aspecto que puede examinarse se relaciona con la afluencia a la cabeza de los Distritos de aquellos votantes de otras poblaciones integradas en él. Lo normal es que el primer día acuda un importante número de electores de la población cabeza del Distrito, y los de las demás poblaciones se acerquen en grupos en días posteriores. En otros casos algunas poblaciones buscan, al rivalizar con la cabeza del Distrito, conseguir el control de la mesa y se acercan hata élla su mayor contingente de electores en el primer día.

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