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Partidos y propaganda por la Ley 1865

Sólo podemos servirnos de la Circular que "El Gran elector", el Ministro de la Gobernación Posada Herrera, envía a los Gobernadores Civiles para la elección de 1865; de la Exposición a S. M. de la Presidencia del Consejo de Ministros encabezado por el General Narváez, por la que se disuelven de las Cortes nacidas de esas elecciones y se convocan otras en 1867 ; y finalmente de una alocución que el Goberandor Civil de nuestra provincia, el riojano Vicente Fernández Urrutia, dirije a los riojanos en estas mismas elecciones .

Pero aunque sea así, podemos afirmar rotundamente que en ambos aspectos (Partidos Políticos y propaganda electoral) no han cambiado mucho las cosas, por no decir que prácticamente nada. El retraimiento electoral de los partidos más "allá" o más avanzados de la tendencia de los resellados de La Unión Liberal, especialmente el progresista, había producido una situación muy incómoda para la gobernación del país, y éste había sido el principal motivo para la redacción de la nueva Ley electoral de 1865. Por ello cuando se disuelve el Congreso de los Diputados y se convocan unas nuevas eleccciones en octubre de 1865 bajo esta Ley, el unionista Posada Herrera, Ministro de la Gobernación, recurre a todo tipo de argumentos animando a la participación de todos los partidos políticos. Y en especial al suyo, como así sucederá. Se dice que la Ley es la "más liberal en su clase" "rechazando así las opresoras influencias de localidad como la indebida intervención de los agentes oficiales" dando "cuantas garantías pudiera desear el más exigente de los partidos legales". Se recuerda que "el Cuerpo electoral es hoy el más numeroso, el más independiente y el más legal de cuantos tuvo en España el Gobierno representativo desde su gloriosa fundación". Se afirma que el Ministerio será imparcial "en esta lucha" y "no pretende imponer sus opiniones por la fuerza, ni por ningún otro método reprovado". E incluso se recomienda "que los representantes del Gobierno procuren serenar los ánimos un tanto conmovidos por insensatas declamaciones".

Pese a esta declaración de intenciones de la Circular dirigido a los Gobernadores Civiles, la presentación de candidaturas políticas en nuestra provincia en la Elección de 1865 cambió muy poco en relación con lo que venía sucediendo desde principios de los años sesenta. Por lo que podemos deducir de las Listas de Votantes, en esta Elección participaron dos candidaturas, pero siguieron siendo las mismas que tradicionalmente se habían venido presentando dentro del espectro político moderado, es decir, la ministerial, en este caso unionista, y la moderada, en el estado más ortodoxo y tradicional. No encontramos por ningún lado la participación de los progresistas ni de los demócratas, como tampoco la de los carlistas.

De cualquier modo se dan algunas novedades en cuanto a los nombres propuestos, ya que de los ocho votados mayoritariamente, aunque siguen estando dos clásicos líderes de los años de "la década moderada": Manuel Orovio y Víctor Cardenal, y uno de los yernos de José Gutiérrez de la Concha, el Conde de Xiquena, que se asienta en nuestra provincia desde los primeros años sesenta, aparecen como candidatos cinco relativamente nuevos. En la candidatura moderada, el orovista convencido, Sr. de Agoncillo, Enrique Frías Salazar; y en la unionista todos éllos: dos prohombres de la política provincial, el propietario y comandante retirado vecino de Briñas, Martín Tosantos Coca, el gran hacendado de Arnedo Ignacio Plana, a los que acompañan Gregorio Cruzada Villaamil y Manuel María Azofra. La pugna entre ambas candidaturas parece que se desarrolló de manera sincera y sin duda animó la elección, aunque no supusiera ninguna modificación destacable en las tendencias políticas provinciales.

Con la vuelta de Narváez al Gobierno tornaron también los momentos más "profundos" y de "mano dura" de la década moderada en la vida nacional, por lo que las elecciones de 1867 fueron absolutamente distintas a las anteriores que acabamos de comentar. Todo viene a confirmar que el régimen isabelino se encuentra en un callejón sin salida. Aparece patente en las razones recogidas en la larga Exposición a S.M. del Consejo de Ministros para justificar la disolución del Congreso de los Diputados y convocar nuevas elecciones; en la situación excepcional de "estado de sitio" en todas las provincias de la Monarquía que se vivió hasta unos días antes de las elecciones; y también en la agria alocución dirigida a los riojanos por el Gobernador Civil de la provincia, el riojano orovista Vicente Fernández Urrutia.

Pero donde mejor se reflejó esta situación fue en el proceso electoral mismo. Examinemos una u otra cuestión llegamos al mismo resultado: el régimen isabelino únicamente se encuentra apoyado por los moderados más puros de nuestra provincia. El retraimiento se ha extendido también a los unionistas, que asociados a los progresistas y demócratas se ausentan de la participación electoral. Pero veamos aspectos concretos.
Sólo se presenta una única candidatura: la moderada, formada por tres alfareños del círculo más puro del moderantismo orovista, a saber: el propio Manuel Orovio y dos de sus más íntimos colaboradores en estas fechas, Enrique Frías Salazar, Señor de Agoncillo, y Tomás Heredia Tejada; y a éllos únicamente les acompaña el cacique del moderantismo logroñés dinamizado por el círculo político del General José Gutiérrez de la Concha, el Conde de Xiquena. Los votos entregados a los tres candidatos fueron muy similares, no sólo porque no había discrepancias, sino porque la emisión del sufragio fue férreamente controlada desde el Gobierno Civil. Cualquier otro aspecto que analicemos sobre los Partidos y su actividad electoral añade muy poco a lo que acabamos de decir, por lo que no insistimos con más precisiones.


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