
Nacido en Torrecilla
en Cameros (La Rioja) en el años 1875, hizo sus estudios de bachillerato
en el Instituto Provincial de Logroño, la carrera de Derecho en
Zaragaza, y terminó ejerciendo la abogacía, como destacado
penalista, en Madrid. Muere asesinado en Barcelona en 1939 en la Guerra Civil
De origen acomodado, su activa participación en la defensa del obrerismo
anarcosindicalista terminó conduciéndole a la política
militando dentro del republicanismo federal, llegando en varias
ocasiones a las Cortes como Diputado, como sucedió en las Constituyentes
de la IIª República por Asturias.
Pero además de por su intensa vida profesional y política, Barriobero,
destaca por su ingente producción literaria, tanto en publicaciones
de su especialidad, como en obras de creación. La visión
"radical" de sus enfoques y temas le sitúa en la vanguardia
de la literatura de los años de la "Edad de Plata" de
la cultura española, pese a ser uno de los "grandes olvidados".
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"Un nombre y un libro. Eduardo Barriobero y su última novela" [La Rioja - 1927]
Eduardo Barriobero es una de las figuras más sugestivas de la generación novecentista. Su vida pintoresca, intensa y compleja, ofrece una auténtica singularidad. Se mezclan en él el hombre de acción y el erudito, el peleador de la barricada y el cabeza de motín con el jurista y el humanista. Es novelista, periodista, orador y comediógrafo. Como abogado es un Moro Giaferi, que no ha llegado ni llegará, a ministro, y un Herri Torres, sin suegro millonario. Defendió al "Chato de Cuqueta", a Enriqueta Martí, la secuestradora de Barcelona, a Sancho Alegre, el que atentó contra el rey en la calle de Alcalá; a María de los Angeles Mancisidor, la supuesta envenenadora de su marido. Últimamente, como Herri Torres en Francia, ha patrocinada ante los Tribunales, sin ser anarquista ni sindicalista -como tampoco lo es Herri Torres- a numerosos sindicalistas complicados en atracos, asaltos o delitos de los llamados sociales. Abogó, casi siempre con éxito, en pro de la inocencia de los acusados del asesinato del gerente de Altos Hornos, de uno de los presuntos asesinos del cardenal Soldevilla, de Aurelio el Jerez, reputado como uno de los asaltantes de la Sucursal del Banco de España en Gijón, logrando que el Tribunal de Derecho absolviera al procesado, con todos los pronunciamientos favorables.
Pero antes de defender a nadie, Barriobero tuvo que empezar por defenderse a sí mismo en ocho, diez, doce, quince procesos. En aquella época tormentosa de comienzos de siglo, en que cada día había un motín de verduleras, que se sublevaban contra los asentadores; de repatriados que, con el rostro ictérico y el cuerpo esquelético envuelto en el traje de rayadillo, pedían al Gobierno que les pagara sus pluses de campaña; de obreros sin trabajo o con mucho trabajo y poco jornal, aparecía siempre al frente de las Euménides desgreñadas o de los "sans-cullotes" paupérrimos, la alta silueta melenuda y enlevitada de Barriobero que se encaramaba sobre un farol o sobre un andamio y exhortaba a la muchedumbre a tomar por asalto el Ministerio de la Gobernación. Era una época en que todavía se creía en la eficacia de las algaradas esporádicas y en la acción de los francos-tiradores de mitin para promover una revolución.
Barriobero, era, pues, eso tan desacreditado y, sobre todo, tan falto de finura que se llamaba un propagadista o un agitador. Pero ... [sigue página dos] [página tercera]