Sólo a partir de la segunda década
del siglo XX puede empezarse a hablar de un sector industrial en La Rioja,
así como de empresas y empresarios. Antes la economía riojana
estaba representada por "hacendados", en general "pegados
a la tierra", y en consecuencia, con escasas intenciones innovadoras.
Hasta estas fechas, los ejemplos que tratamos, son de pioneros en algunos
campos. El Marqués de Murrieta en el mundo del vino o Salustiano
Marrodán en el de los "trabajos en hierro".
La "industria fabril de los textiles" acumulan una larga historia como
resultado de esplendor económico del sector lanero de las sierras
de los Cameros y es el que se mantiene en las "sagas familiares",
como las de los Quemadas.
La escasa diversificación sectorial industrial de la provincia tiene sus
soportes en dos subsectores de transformaciones alimentarias: el de las
conservas, con base en La Rioja Baja y Media -los ejemplarizaremos con las
Conservas Trevijano-, y la vinicultura en La Rioja Alta -analizaremos dos
modelos: Félix Azpilicueta en Fuenmayor y Félix Martínez
Lacuesta en Haro.
Para el resto de los sectores económicos: acudimos a Saturnino Ulargui en
el sector "bancario" y a Antonio Garrigosa Borrell, en el comercio.