M A R I A L E J A R R A G A,
obras M U S I C A D A S
"Las colaboraciones de Gregorio Martínez Sierra
en libretos zarzuelísticos"
Es
en esta época, en la que Martínez Sierra está en su mejor
momento creativo, según Rivas Cherif, cuando tiene lugar el resurgimiento
de la zarzuela en tres actos (tras la boga de unos años de la opereta
vienesa con sus deliciosas viudas alegres, sus condes de Luxemburgo y sus divorciadas).
Y se debe, aparte de a la evolución de las costumbres del público,
al suceso feliz de Las Golondrinas de Martínez
Sierra y del malogrado músico vasco Usandizaga, muerto apenas nacido
para el teatro2, pues de todas ellas es la más conocida y la que ha perdurado
en las carteleras de nuestro teatro musical.
Esta zarzuela es una joya de nuestro género lírico,
compuesta por el jovencísimo José Mª Usandizaga, a quien
el muy conocido dramaturgo y empresario Martínez Sierra se atrevió
a dar su obra para musicar, a pesar de ser un autor novel, pues hasta el 4 de
febrero de 1914, el vasco José María Usandizaga era un ilustre
desconocido para el público de Madrid. Pero al finalizar ese día,
y después del estreno de su obra Las Golondrinas, en el Teatro Circo
de Price, se convirtió, como por encanto, en un músico consagrado,
adinerado y respetado por todos, tal fue el éxito rotundo, clamoroso
y casi sin precedentes de la presentación de esta zarzuela. ¿Quién
iba a sospechar esa gloriosa noche de laureles que un año después,
recién cumplidos los 28, la muerte habría de truncar la vertiginosa
y brillante carrera de Usandizaga, una de las más firmes esperanzas de
la música española?
Al hablar de Josemari Usandizaga resulta mayormente notable y dolorosa la ausencia
de una verdadera escuela española de ópera, porque ahora no es
el camino equivocado el que nos duele, sino la fatalidad de un destino que al
segar en juventud la vida del compositor, cortó también la que
podría haber sido la mejor trayectoria de teatro nacional de ópera.
La mejor, sin duda, pero no ya como producto de nacionalismo -pretenderlo después
de Albéniz y Falla, con el fondo del significativo género chico,
por más que representativo del madrileñismo, hubiera sido empeño
estéril por tardío- sino por la aportación artística
de una personalidad con grandes posibilidades de éxito individual (...)
(...) Usandizaga fue ante todo un excepcional músico de teatro, un compositor
de recia fibra dramática, claramente inadvertible en la fuerza interna
de sus melodías, en la hondura del concepto musical, nunca privado del
arranque lírico (...) (...) Muchas veces, la entrega temperamental del
músico puede ser excesiva para lo que demanda la letra. No cabía
otra opción, porque Usandizaga -bien claro está en sus partituras-
veía el efecto teatral de la escena a través de lo que él
inventaba musicalmente para servir a la situación dramática antes
que a las palabras.
Las
Golondrinas, que en un principio se tituló Saltimbanquis
fue escrita en 1913 por Gregorio Martínez Sierra, en colaboración,
según algunos expertos, con su esposa, María de la O Lejárrega
(como todas aquellas obras rebosantes de ternura optimista -a pesar de que aquí
acabe en tragedia-, ternura y optimismo plasmados, en este caso, en el personaje
de Lina), marcaría un hito dentro del teatro de Martínez Sierra,
así como un cambio en su manera de entender este arte. En ella desaparece
su visión sentimental e idealizada de una realidad sin conflictos, cuyo
centro lo ocupan las mujeres, depositarias de la moral cristiana tradicional
o, más exactamente, de lo que suele pasar por tal moral después
de un también tradicional almibaramiento de sus contenidos más
superficiales.
Es Las Golondrinas, la segunda obra musicada por Usandizaga (la primera fue
Mendi-Mendiyan, estrenada en el teatro de los Campos Elíseos de Bilbao
el 21 de mayo de 1910). Fue puesta en escena como zarzuela y, posteriormente,
convertida en ópera por Ramón Usandizaga. Gregorio Martínez
Sierra, después de la elección hecha del compositor, escribe a
éste pidiéndole anotaciones al margen del libreto para determinar
los fragmentos de la comedia que habrán de tener música (...)
Usandizaga lo musicó, pero como la música era preciosa -según
manifestación de María Martínez Sierra- hubo que adaptarle
nuevos versos que escribió Rivas Cherif. Este fragmento corresponde a
la Canción de la primavera. Parece ser que también el Caminar
que canta Puck, fue escrito sobre la música ya compuesta. Todos los demás
cantables los he escrito yo -cuenta la autora- y Usandizaga hizo la música
sobre ellos (...).
La partitura de Las Golondrinas, escrita entre septiembre y diciembre de 1913,
tenía destino de estreno ya antes de terminarse, pues Martínez
Sierra la había propuesto al barítono Emilio Sagi Barba6, quien
junto con su esposa, Luisa Vela, tuvieron el placer de ponerla en escena, siendo
los protagonistas principales, Puck y Lina, respectivamente. El resto del reparto
estaba constituido por: Eva López (Cecilia), Enriqueta Blanc (Leonor),
Francisco Meana (Roberto), Luis Llaneza (Boby), Santos Asensio (Juanito), Urdazpal
(una ecuyere), Francisco Ruiz (un caballero), José Alted (un regisseur),
Mariano Siñueza (un excéntrico), Roberto Boti (un malabarista),
siendo el propio Sagi Barba quien dirigió la puesta en escena y Juan
Antonio Martínez, el director de la orquesta.
El éxito de la primera representación de Las Golondrinas fue enorme
y quedó reflejado así en las páginas de ABC: "El triunfo
delirante, frenético y brutal, con que anoche fue consagrado en Madrid
el joven compositor Usandizaga, que en los comienzos de su carrera se coloca
tan brillantemente en primera línea de nuestros compositores, aportando
a la escena lírica española una obra maestra, aparte de enorme
triunfo personal conseguido y de lo que significa el descubrimiento de un compositor
de asombrosa modalidad; supone para la definitiva implantación de la
ópera española más de cuanto teorizábamos sobre
él ¡Cuánto hubiera gozado nuestro gran Chapí presenciando
su triunfo que ayer elevó al joven compositor vascuence Usandizaga sobre
la mediocridad actual! A todos admiró aquel muchacho desmedradillo, de
porte modestísimo, pero que lleva en sus ojos llamaradas geniales".
Por su parte, La Correspondencia de España, iniciaba así su crítica:
"Cuando se publiquen hoy los periódicos, sabrá España
entera con alegría que tiene desde anoche un gran músico más,
digno de continuar la gloria de Barbieri, de Chapí y de Vives".
En este drama romántico en tres actos, que se desarrolla en el seno de
una troupe de saltimbanquis quienes, en su sempiterno y trashumante viajar,
llegan, al iniciarse la acción, a un pueblo de Castilla, en donde tiene
lugar la trama de la obra durante el primer acto (el segundo y el tercero se
desarrollan en el circo de una gran ciudad), el músico remonta su propio
vuelo artístico y técnicamente se muestra armonizador, modernamente
audaz y orquestador de gran fantasía, sin merma de este temperamento
lírico de verbo tan cálido. El grupo lo componen: El señor
Roberto, de 45 años, director de la compañía y empedernido
bebedor, su hija Lina (18 años), la escultural Cecilia (24 años),
Juanito (20 años), Boby (17 años), y Puck, cerebro pensante y
principal atracción del mismo (25 años).
En el primer acto se nos presenta a todos
estos personajes, quienes serán los que lleven adelante la trama de la
obra: Puck está enamorado de la bella Cecilia. Esta, en una conversación
con Lina, se lamenta de las escasas posibilidades de futuro que su exhuberante
belleza tiene en este rodar de pueblo en pueblo. Está harta de la pobreza.
Quiere progresar y el amor de Puck no la compensa. Ella no entiende esa gloria
del camino que sí entienden Lina y Puck y ha decidido marcharse a buscar
su propio triunfo. En una inmediata riña entre los amantes, Cecilia califica
el amor de Puck como fiebre de paja en el viento algo etéreo, casi inexistente.
Ella prefiere el triunfo y la riqueza al amor del pobre saltimbanqui. Puck se
entristece y en ese momento entra Lina, interrumpiendo la discusión.
Acto seguido, los cómicos salen a animar la feria de la villa que está
en todo su esplendor. Se oyen pregones, cantos y voces infantiles jugando al
corro. Se quedan solas las dos mujeres y, viendo que Cecilia está guardando
sus sosas en una maleta, Lina se dirige hacia ella. Ante sus preguntas, Cecilia
le confirma que se marcha: quiere aplausos, riqueza, placer..., y desprecia
a los saltimbanquis. Lina intenta evitarlo pensando en el daño que esto
va a hacer a Puck y en el dolor que sentirá el joven, por lo que le reprocha,
su decisión, recordándole que aún era menos cuando entró
en la compañía. Cecilia no la escucha y se va. Lina, que no soporta
ver sufrir a Puck, comprende entonces que está enamorada de él.
Al comienzo del segundo acto, ha pasado el tiempo. El grupo
se llama ahora Familia Sanders y nadie ha vuelto a saber nada de Cecilia. Puck
ha conseguido renovar el espectáculo e interesar en él a poderosos
empresarios. Su última creación es una Pantomina basada en los
conocidos personajes de la antigua Commedia dell’Arte italiana, Colombina,
Pierrot y Polichinela. Antes
de dar comienzo a la Pantomima (el famoso y más aplaudido número
de Las Golondrinas), Puck, que no ha conseguido olvidar a Cecilia, rememora
con Lina viejos recuerdos, entristeciéndose con ellos. Esta,
siempre positiva, para conseguir la felicidad de Puck le incita a que mire con
optimismo el ayer y que sólo tome de él los recuerdos felices.
Tras el triunfo
del espectáculo de la Familia Sanders, llega al teatro una nueva artista.
Es Cecilia, convertida ahora en la Bella Nelly, quien también ha triunfado
y quien viene acompañada de su protector, el conde Stein. El
director del teatro le indica su camerino, mientras Puck y Lina se congratulan
mutuamente por el éxito de la Pantomima, sin tener la más mínima
sospecha de la cercana presencia de Cecilia ni la tragedia que se avecina.En
el transcurso de su alegre conversación, Puck oye la risa de Cecilia
y la reconoce a lo lejos. Sale enloquecido tras ella, sin que Lina pueda evitarlo
quedando esta desconsolada, al ver como aquella mujer le arrebata al hombre
que quiere. La
inesperada vuelta de Cecilia divide a los miembros de la Fami1ia Sanders: Unos
quieren abrirle los brazos; otros, no. Entre estos últimos se encuentra
Lina. Primero, por lo que le hizo a Puck y, después, porque ve en peligro
su creciente amor por él.
El acto
tercero comienza con una conversación entre ambas mujeres.
Cecilia, que sospecha el amor de Lina hacia Puck, dice, insolente, que piensa
disputárselo. En ese momento entra Puck y, con malos modos, pide a Lina
que los deje solos. Cuando ya lo están empieza a increpar y a amenazar
violentamente a Cecilia. Esta, asustada, decide fingir un amor que no siente,
consiguiendo que Puck casi se lo crea. Se
marchan ambos y, cuando Lina, al rato, sale de su camerino, ve aparecer a Puck
solo y demudado. Le reprocha haberse dejado embaucar otra vez por Cecilia y,
no pudiendo contener el llanto, le confiesa entre lágrimas sus propios
sentimientos. Pero, observando con inquietud algo especial en el talante del
joven, sobre todo cuando este se despide de ella tétricamente, le ruega
que le cuente lo que le pasa. Puck decide hablar por fin: cuando ha intentado
abrazar y besar a Cecilia, confiando en sus amorosas palabras, ésta,
incapaz de seguir fingiendo, le ha rechazado bruscamente, se ha reído
de él y le ha confesado que pertenece a otro hombre. Ciego de rabia y
desesperación Puck la ha cogido por el cuello y la ha matado. Aunque
horrorizada todavía por el crimen, Lina se aferra a Puck cuando vienen
a detenerle, intentando con todas sus fuerzas impedir que se lo lleven, pero
al final son separados y ella queda sola, sumida en la más trágica
congoja.
© Mª Ángeles Santiago y Miras 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de
Madrid
