Reinado de Isabel II en La Rioja

1833. Restablecimiento de la provincia de Logroño

El retorno al absolutismo fue nefasto para La Rioja como ente político, pues su autonomía administrativa estrenada en el Trienio Liberal quedó anulada y sin efecto.

También supuso un serio retroceso para la economía regional, (recuérdese que uno de los argumentos constantes del provincialismo riojano era que contaba con una autosuficiencia económica fruto de "sus privilegiados pagos" como para ser Provincia) aunque quedó mitigado cuando las desamortizaciones del Trienio -fundamentalmente de fundaciones- fueron legalizadas a finales de los años veinte.

La experiencia en el Trienio Liberal

La brevísima experiencia de administración propia, no obstante, había sido halagüeña y muy esperanzadora.

Pero especialmente la disolución de su organización política, administrativa y económica propia, supuso un salto cualitativo muy señalado en la dinámica y visión política de los riojanos, especialmente en sus élites. De la mera "conciencia provincialista" como motor de las reivindicaciones autonomistas, se pasó, durante la "ominosa década", a la formación de eso, tan vago pero esencial para una sociedad, que se conoce con el nombre de "memoria histórica". En la memoria quedaron los esfuerzos y los desvelos, las frustraciones y los logros de décadas pasadas recompesadas finalmente con la constitución de la provincia. Se guardaron en la misma como "haber", y también como "debe", algunas fechas claves y varios nombres propios. Y sobre todo, se grabó en esta facultad cognoscitiva, la forma de régimen y de ideas políticas que habían hecho efectivo su nacimiento como Provincia, y sus primeros pasos.

Por ello aquí comienza, en esta última década del reinado de Fernando VII, ese concepto histórico, tan generalista como escasamente explicado y conocido, de "La Rioja liberal", o del "liberalismo de la margen derecha del Ebro". Y es que la ideología liberal se había demostrado para los propietarios riojanos en el período constituyente y legislativo gaditano y en el Trienio Liberal, no sólo exenta de "pecado", sino fructífera y de significado interés, en especial, y lo reiteramos, para las grupos más acomodados y poderosos. Y esta imagen aún seguiría acrecentándose cuando las necesidades bélicas de la Guerra civil carlista posibilitaron a estos grupos aún mayores frutos, especialmente, en la acumulación de "tierras de manos muertas".

Fernando VII muere el 29 de septiembre de 1833. Y el problema dinástico se vivió de una manera especial en La Rioja, como puede que sucediera de modo similar también, por ejemplo, en Cantabria. El gobierno, y la propia Madre Gobernadora, Cristina, necesitaban una frontera fiel y leal contra el carlismo, pues el enemigo, y también el prófugo, se encontraba de La Rioja simplemente "a un tiro de bala de cañón" o a "un salto de un vado del Ebro".

Logroño otra vez provincia: 1833

Así que a los dos meses del óbito del Rey el primer Ministro de Fomento de la causa isabelina, Javier de Burgos, decretó una nueva división civil del territorio español en 49 provincias. Y la de Logroño no faltó en la Gaceta, por lo que significaban sus tierras como frontera contra los principales seguidores y defensores del hermano del Rey difunto.

El 30 de noviembre de 1833, por estos motivos bélico-políticos principalmente, se restablecía la Provincia de Logroño, constituida unos diez años antes.

No hemos encontrado documentación en la que se muestre el regocijo especial de los riojanos por su vuelta al status de Provincia Española, como sucediera cuando nació en los años de 1821 y 1822. No obstante, es igual, pues existen hechos sobrados que demuestran el profundo interés con que fue acogida y, sobre todo, defendida, desde el mismo momento del restablecimiento.

Mencionemos únicamente los casos más vulgarizados. "La heroica defensa de la Torre de Cenicero por sus urbanos", o mejor por sus mayores contribuyentes o élites municipales (los Bujanda, los Artacho, etc.), contra las tropas de Zumalacárregui. El papel jugado en el ejército isabelino por oficiales fuertemente enraizados en la región (el General Osma en sus principios, el joven José Gutiérrez de la Concha, ..., y por encima de todos, Baldomero Espartero, que de simple Brigadier cuando llegó a las Vascongadas terminó en Capitán General. -No es una casualidad que estuviera emparentado por matrimonio con la familia logroñesa de los mayores contribuyentes, y con mucho, de toda la provincia). Y sobre todo, el estoico comportamiento de las sucesivas Diputaciones Provinciales riojanas, tanto de mayorías liberales moderadas como de liberales progresistas, ofreciendo y entregando suministros, bagajes, alojamientos, fortificaciones, ... al ejército liberal tanto transeunte como estante.

Evidentemente damos por descontado que todos estos hechos y respuestas "heroicas", están basadas más en los intereses económicos en juego, que en el agradecimiento a la causa liberal.

La provincia de 1833

De cualquier forma la Provincia de Logroño restablecida a la muerte de Fernando VII era distinta de la decretada en 1822 en el Trienio Liberal. Sus límites fueron recogidos en el citado Decreto del 30 de noviembre de 1833 básicamente también en lenguaje geográfico y reproducidos en el primer número del Boletín Oficial de Logroño con el error de incluir en la provincia a "la Bastida", en lugar de Abalos.

De uno a otro Decreto la Provincia de Logroño había perdido territorios, o poblaciones, por los cuatro puntos cardinales, y se habían cedido, igualmente sin excepciones, a todas las provincias de las que había nacido en el año de su constitución. Al este retornaban al Reino de Navarra las tres agregadas a Logroño, o sea, Fitero, Cintruenigo y Corella. Al norte toda La Rioja de la Sonsierra, menos San Vicente -y aldeas- y Abalos, se unían otra vez a Álava, para consolidarse como subzona riojana de las Provincias Exentas; y Viana y Aras hacían lo mismo pero volviendo al Reino de Navarra. Al oeste se adherían a la administración burgalesa Altable y la veintena de núcleos poblacionales en torno a Cerezo de Río Tirón y Belorado. Al sur la provincia de Soria recibía las poblaciones serranas de Monterrubio, Neila y Montenegro, así como todos los núcleos de la tierra de Yanguas -pueblos y aldeas- y los mismos al sur de Cornago.

El Gobierno isabelino, pese al lenguaje topográfico usado en la demarcación de límites (sierras, lagunas, puertos, montes, orígenes, nacimientos y márgenes fluviales,...), siguiendo el modelo de los técnicos de los Proyectos de la división territorial bajo el mandato de la Constitución de Cádiz, distaba mucho de acomodarse a este espíritu. Es verdad que la orientación geográfica en el señalamiento de los confines había sido desoída ya en parte por la Comisión de las Cortes cuando nació la provincia en 1822. Pero ahora ni se tuvo en cuenta. Los límites "cruzan, cortan, atraviesan y buscan ríos" sin someterse a las direcciones de sus aguas. Y es que el criterio que primó en la nueva división fue el histórico, y aún más, sin duda, la política posibilista del consenso, o del "tener a todos contentos", urgida por el conflicto armado.

La tesis se apoya en que, por lo que nosotros sabemos, no se dieron protestas ni reclamaciones serias de ninguna de las partes interesadas. Al menos en los dos años del Régimen del Estatuto. Ni siquiera durante el Gobierno de Mendizábal. Parece que todos se conformaron en beneficio de la unidad de la causa isabelina en contra de Carlos María Isidro.

La conclusión definitiva es que la Provincia de Logroño restablecida por Decreto del Gobierno el 30 de noviembre de 1833 se ajustó a los límites que aparecen en el Mapa inferior, que coinciden, como hemos dejado dicho, con los actuales de la Comunidad Autónoma de La Rioja.

Provincia en 1833
Pese a que hoy los territorios administrados por la Comunidad Autónoma son los mismos que en 1833, no fue siempre así. Los mismos provincialistas que consiguieron hacer a La Rioja provincia, a la mínima ocasión propicia o llegada de su "partido" al poder, recurrían a una Real Orden o a un Decreto anulando al de 1833 y restaurando los límites provinciales con los que nació como Logroño en 1822. Pero como las ocasiones no fueron muchas, y sobre todo sus ideas políticas no se consolidaron nunca largo tiempo en el poder, su empeño no llegó nunca a ser efectivo de manera permanente.

Restablecimientos con los límites del Trienio
I.- Los constitucionalistas-doceañistas riojanos fueron los primeros que rompieron con el Decreto de división territorial de Javier de Burgos. El día 15 de agosto de 1836 se formó en la provincia de Logroño una Junta Directiva en apoyo de la Constitución de Cádiz siguiendo a los sargentos sublevados en La Granja. En la proclama de la Junta no se cita el tema provincialista, pero a un mes de su formación, o sea el 14 de septiembre de 1836, se publica una Real Orden por la que "atendiendo a la conveniencia pública y conformándose con lo que dicha Junta ha propuesto" se restablecían los límites de la provincia de Logroño de "la demarcación aprobada por las Cortes en el decreto de división política del territorio de 27 de enero de 1822". La Diputación Provincial de La Rioja, poco después, el 27 de diciembre de 1836, a través de su Presidente Interino, Guillermo Ramírez de la Piscina, distribuía las poblaciones reincorporadas entre los distintos Partidos Judiciales existentes en la provincia. Esta vuelta a los límites de 1822, en plena Guerra Carlista, fue complicada y es posible que no se llegara a hacer efectiva nunca. A esto responde la Exposición de la Diputación Provincial de Logroño al Congreso del 20 de enero de 1837, firmada por su Presidente, el Gobernador Ángel Iznardi, en la que se dice que "habiéndose comunicado a las autoridades superiores de las cuatro Provincias, entre las cuales se hallaba antes destrozado el hermoso y fértil valle de la Rioja, todos se han resistido a la egecución de dicha Real Orden y especialmente las de Alaba y Navarra, arrojándose a conminar y apremiar a los pueblos de sus antiguos distritos para que no obedezcan las órdenes y disposiciones administrativas de las autoridades de Logroño ni se consideren por ningún respecto pertenecientes a esta Provincia".

En consecuencia la Comisiòn especial de División Territorial del Congreso tuvo que intervenir, y entre reconocimientos a unas y otras provincias, determinó el 24 de febrero de 1837, que quedaran los límites como se acordaron en el Decreto de Javier de Burgos.

II.- El provincialismo riojano consiguió otra vez que su provincia tornara a los límites de 1822, cuando su convecino, el Duque de la Victoria, Baldomero Espartero, alcanzó la Regencia del Reino. Por ello el 12 de octubre de 1841 éste, en el momento de mayor prestigio militar y político, dirigió al Sr. Ministro de la Gobernación de la Península el Decreto siguiente: "Sin perjuicio de lo que resuelvan las Cortes en el arreglo definitivo de la división territorial y no obstante lo dispuesto en la circular de 17 de agosto último, atendiendo a la conveniencia pública y al mejor servicio del Estado, he tenido a bien como Regente del Reino durante la menor edad de la Reina Doña Isabel II y en su Real nombre, restablecer la demarcación de límites de la provincia de Logroño que le fueron asignados por decreto de las Cortes de 27 de Enero de 1822. Tendreislo entendido y lo comunicaréis a quien corresponda". En el Boletín Oficial de la Provincia se imprimieron los límites que corresponderían a la provincia de Logroño en conformidad con lo decretado por las Cortes del Trienio, así como una Nota de los pueblos que se agregaban a ella de las Provincias de Álava, Navarra, Burgos y Soria.

Cotejando estos dos documentos y el de 1822 encontramos varias diferencias. En primer lugar la actualización formal de los nombres de las provincias confinantes. Guipúzcoa se sustituye por Vitoria y Navarra por Pamplona, como Aragón por Zaragoza. En segundo, la desigual enumeración de los puntos cardinales: en 1822 se inicia por el septentrión, continúa con el occidente y después con el límite meridional, para cerrarse por oriente; y en 1841 arranca con el límite meridional, seguido del occidental y septentrional, para concluir con el oriental. En tercero, y lo más destacado, es que en la Nota de los pueblos se añaden a la provincia de Logroño tres núcleos poblacionales más de los diecinueve anteriores de Álava: La Aldea, La Población y Marañón. Se integraban de Burgos veintidós poblaciones; de Navarra las cinco de 1822 y se cita también Casa Castejón; y de Soria treinta y seis, con el añadido de Ontalbaro.

Es posible que sucediera con este segundo restablecimiento de los límites de 1822 lo mismo que con el primero. Y que en consecuencia el Decreto de 1841 del Regente del Reino, e Hijo adoptivo de Logroño, General Espartero, no llegara a ponerse en práctica.

Y si no se pudo alcanzar en los años del omnímodo poder del "Pacificador de España", mucho menos se haría en cualquier otro momento. Que nosotros sepamos, ni siquiera se lo llegaron a proponer. La conciencia provincialista riojana había cumplido su cometido, pero la memoria histórica fue muy floja, y quizás aún hoy también lo siga siendo.

Temas del reinado de Isabel II

Riojanos del éxodo
El provincialismo riojano
Desamortización 1841
Movimientos políticos reinado Isabel II
Diputados reinado de Isabel II
General Baldomero Espartero
Los caciques moderados
Muerte de Zurbano
Contra los "puros"
Desamortización de 1855
Manuel Orovio
1854: los esparteristas
El tren cruza La Rioja
Nonato Banco de Logroño
Asociación Aenológica de La Rioja
Crisis de 1868
"La Gloriosa"
| XHTML 1.0 | CSS 2.1 | TAW | curriculum | publicaciones | CONTACTOS | © Copyright | arriba |