La sociedad riojana, en los años "en torno al 98", era plenamente rural y provinciana. El 67,7 % de los activos, sobre un total de algo menos de doscientos mil habitantes (190.468), vivían en y para el campo, distribuidos en poco menos de dos centenares de pequeños núcleos poblacionales. Los ocupados en un sector secundario de base artesanal eran unos once mil (15,1 %); y los servicios se hinchaban con "chicas del trabajo doméstico" y "reclutas de los cuarteles".
De esta norma se excluían sólo algunas élites de tres "ciudades":
Haro en el este, centro financiero e industrial vitivinicultor;
Calahorra, en el oeste, cabeza espiritual de la diócesis y punta
de lanza de una florenciente industria conservera; y Logroño, en
el centro, equidistante a unos cuarenta kilómetros de ambas, capital
administrativa y centro comercial de la provincai.
La "modernidad"
sólo se asomaba a unos dos millares de personas allegadas entre
grandes industriales-comerciantes, profesionales liberales y empleados
titulados de la administración. Los demás eran -y utilizamos el
lenguaje de la época- "multitud", "masa", o grupo social que convivió
bajo una misma "unidad mental", fraguada por aquellos que en estas
fechas luchaban por la "conquista ideológica de las
multitudes": el clero, el movimeinto obreros y las burguesías
ilustradas.
En este contexto ¿cuál es impacto de lo que se ha venido en llamar el 98 español? Por obvio, parece que no es necesario afirmar que muy débil. Sin duda hubo riojanos que "estaban al día" de las corrientes culturales dominantes en estas fechas, pero parecen más orientados por "el espíritu del 73" y por el regeneracionismo del momento, que por el "me duele España". Y en estos años finales del siglo, del erial dominante, apenas surgen algunas publicaciones, fruto de los premios de los Juegos Florales logroñeses y de las instituciones culturales miméticas organizadas también en la capital. De estos años son los libros del republicano Amusco, los folletos y publicaciones del sagastino Amós Salvador y los de los médicos higienistas locales. Y también en estos años nacen, por causalidad, o residen temporalmente en La Rioja, algunos otros grandes de las renovaciones pedagógicas de la España de la Edad de Plata (Entiéndase Bartolomé Cossío y algunos otros institucionalistas).
Pero de creación noventayochista, propiamente hablando, nada de nada. Los riojanos no dejaron impreso ni un caso, auque sólo fuera para confirmar la regla, y de La Rioja, como entidad geográfica, únicamente es mencionada que existe en algunas de las novelas de Pío Baroja, en las que además son retratados sus naturales con estereotipos que posiblemente nada tenían que ver con los riojanos de estos finales de siglo, de los que vivían en el año 1898.