"Esta mañana ha fallecido el teniente general D. Eduardo Bermúdez Reina.
El distinguido general, nació en Sevilla el día 9 de noviembre de 1831. Fueron sus padres don Fernando Bermúez de Figueroa y doña Concepción Reina Checano.
Su carácter le impulsó a la carrera de las armas, ingresando en clase de cadete en el Colegio de Artillería, de Segovia, en 17 de diciembre de 1844, del que ascendió a teniente en 23 de diciembre de 1850. En 1854 formó parte, como secretario, del comoandante general de Artillería, de la división que, con motivo del alzamiento nacional, se formó en Sevilla a las órdenes del teniente general don Domingo Dulce, siemdo nombrado en 1855 ayudante de la segunda brigada montada y secretario del general subinspector de Sevilla en la revista de inspección pasada aquel año, encontrándose después en dicha población en los acontecimiento que tuvieron lugar en julio de 1856.
En 14 de octubre de 1857 fue promovido a capitán de Artillería, por antigüedad, con cuyo empleo y mandando una batería montada, hizo toda la gloriosa campaña en Africa de 1859 y 1860, tomando parte en los combates del 4, 8, 10 y 12 de enero, librados por el Ejército en su marcha desde Ceuta a Tetuán; en el del 14, al paso del Cabo Negro; en los del 23 y 31 del mismo mes; en las llanuras de Tetuán; en la memorable batalla del 4 de febrero en los valles y llanos de Tetuán; en las batallas del 11 y 23 de marzo, mereciendo por su comportamiento en todos los hechos de armas la cruz de San Fernando de primera clase y el empleo de comandante de Caballería.
Desde esta época y terminda la campaña, desempeñó difrentes destinos y comisiones honrosas, como las de jefe de brigada en la Comisión Catastral para el levantamiento del mapa de España, la de capitán de la Escuela de tiro de El Pardo, la de oficial de la Dirección general de Artillería y otras no menos delicadas.
En 1966 se encontró en Madrid en los acontecimientos que tuvieron lugar el 22 de junio de dicho año, siendo recompensado con el grado de teniente coronel por su comportamiento en aquel día.
En octubre de 1868 fue nombrado oficial de la clase de primeros del ministerio de la Guerra, en cuyo departamento prestó importantísimos servicios, siendo recompensado por ellos con el empleo de coronel del Ejército.
En las Constituyentes de 1869 fue elegido Diputado por la circunscripción de Écija, y posteriormente, en las Cortes de 1871 y 1872, por el Distrito de Carmona, tomando parte en alguna de sus discusiones, en las que se dio a conocer como un orador sobrio, correcto y persuasivo, por lo cual la prensa de aquella época, sin distinción de matiz político, hizo de él grandes elogios augurándole un gran porvenir en el Parlamento.
En 1872 fue nombrado secretario y vocal del Consejo de redención y enganches del servicio militar, y después presidente interino.
Al iniciarse la Guerra Civil, fue destinado para formar parte del cuartel general del duque de la Torre, a cuyas órdenes se encontró en los diferentes hechos de armas de Orequieta, Irúrzun, Mañaria y otros, hasta la terminación de aquella campaña, después de cuyo suceso desempeñó el difícil cargo de gobernador militar de Bilbao. Posteriormente ascendió a brigadier por sus servicios en esta campaña, permaneciendo sin desempeñar cargo alguno hasta septiembre de 1873, que al ser nombrado el señor general Sánchez Bregua ministro de la Guerra, le llamó y nombró secretario general del ministerio, recondando sin duda el antiguo subsecretario del general Prim las condiciones de inteligencia y actividad de este brigadier y el prestigio que en la secretaría de la Guerra había dejado durante le periíodo que desempeñó el carto de oficial.
Reducidas las fuerzas militares de España a poco más de 70.000 hombres; relajada la disciplina hasta un punto que hoy parece increíble aún para los que recordamos aquel angustioso período de nuestra historia; en aumento las fuerzas carlistas, que bastían a las del Ejército liberal, lo mismo en el Norte que en el Centro y en Cataluña; exhausto el Erario; rebelde el país; sin autoridad del Gobierno; sin los auxilios de corporaciones importantes, como el cuerpo de Artillería, y de personaliades de valor y de prestigio, el brigadier Bermúdez, en el difícil y penoso puesto que le confió el general Sánchez Bregua y en el que después le confirmaron los generales Zabala y Cotoner, prestó a la patria grandes servicios con su actividad con su energía y tacto, con sus conocimientos especialísimos en el ramo de guerra, y con su estricta y severa justicia.
Par formarse una ide de lo que decimos, basta recordar que durante el período que desempeñó el cargo de secretario general se organizó el cuerpo de Artillería con sus antiguos oficiales; se hicieron tres quintas; se dotó y municionó el Ejército con todos los elementos del armamento, municiones, vetuario, hospitales, material de subsistencias, transportes, etc., etc., que su época se crearon, y que al dejar en fin de agosto de 1874 aquel cargo, quedaban organizados en los diferentes Ejércitos más de 250.000 hombres de todas armas.
Sin la entereza, sin la abnegación, y sin el valor y decisión de algunos generales 1ue, como Bermúdez, todo lo arrastraron para salvar el Ejército, la Patria y la libertad, todo hubiera perecido.
En septiembre de 1874 fue nombrado jefe del estado mayor del Ejército de Cataluña, y no fueron menores los servicios que prestó en este Ejército que, por las condiciones del país en que hacía la guerra y por otras causas que no son de este lugar, se hallaba en un estado de disciplina nada satisfactorio.
Muchos se había rehecho y no poco se había consolidado su valor y disciplina con los combates librados por su general en jefe, el genral López Domínguez, en Castellar de Nuch y en los combates y operaciones que dieron por resultado el levantamiento del sitio de Puigcerdá, pero todavía latía en su seno la indisciplina fomentada ya en aquella ocasión por multitud de causas.
No tardó en manifestarse en las tropas de la primera brigada de la primera división (cuatro batallones), que, acantonados en Granollers, se colocaron en abierta rebelión contra sus jefes. El general en jefe, acompañado de Bermúedez Reina, salió de Barcelona rápidamente, y a sus acertadas medidas y enérgica resolución se debió que aquellas tropas se sometieran a la obediencia, contribuyendo eficazmente a lograrlo el entendido jefe del Estado mayor general de que nos ocupamos.
No fue menor su participación en otros sucesos, operaciones y disposicioens adoptadas para reorganizar el Ejército de Cataluña, crear fuerzas auxiliares, rechazar a los carlistas en sus intentos de apoderarse de Igualada y Vich, y por último, en las operaciones para levantar el bloque impuesto a Berga por los carlistas, a cuyas operacioens acompañó al general en jefe, consiguiendo el resultado que se propusieron de liberar a la sitiada villa.
Después de estas últimas operacioens, y habiendo dimitido su cargo el general en jefe, el brigradier Bermúdez presentó la suya, no siendo colocado hasta que primeramente fue encargado, sin retribución alguna, de formar parte de la Junta Cionsultiva de Guerra, temporalmente y sólo para tratar de ciertos asuntos, volviendo luego a situación de cuartel, hasta que por decreto de 25 de febrero último fue nombrado vocal de la Junta Superior Consultiva de Guerra. (
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