Los nuevos poderes públicos nombrados por las autoridades militares, o más tarde "los electos" por el Estatuto Provincial, llevan a la vida pública a personas pertenecientes a los grupos ideológicos más retardatarios y conservadores de la provincia, salvo sonadas excepciones, y que además no habían participado activamente con anterioridad en la vida politica de la Restauración.
Se detecta que pertenecen a tres grandes bloques de poder: los grandes propietarios territoriales de la provincia - el modelo perfecto es el nuevo Presidente de la Diputación
Enrique Herreros de Tejada y Santa Cruz-; los líderes y principales rectores del sindicalismo agrícola confesional católico -el ejemplo más depurado es
Manuel Hidalgo de Cisneros y Manso de Zúñiga-; y el grupo directivo de la Cámara de Comercio e Industria de la Provincia -entre ellos el comerciante y banquero
Fermín Maguregui Calero-.
Los integrantes de estos tres bloques, más los que firman la convocatoria para formar la "Unión Patriótica" de la provincia, aportan el personal político directivo de la Dictadura, así como a sus testaferros, y como el tiempo demostrará posteriormente, formarán más tarde, durante la IIª República, los partidos de derechas más reaccionarios al sistema democrático y republicano.
Los posibles fervores con que fue apoyado el "régimen dictatorial y corporativo" de Primo de Rivera en los años iniciales, estaban muy debilitados en los meses finales de 1928. Algunos de estos grupos habían retirado su auxilio y buscaban situarse en el nuevo camino que parecía aparecer en el horizonte, especialmente esto se constata en agrarismo católico y en los sectores comerciales de las Cámaras Provinciales.
Otros se enfrentaron a la dictadura desde el primer momento.
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