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Baldomero Fernández Espartero
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Espartero en la Historia de los "Sujetos"
Hoy, en el siglo XXI, Espartero sigue "vivo" en la conciencia colectiva de los habitantes de La Rioja, y en especial, en la de los logroñeses, cuando lleva enterrado bastante más de una centuria.

Mausoleo de Espartero y su mujer en La Redonda (Logroño)
Su presencia se constata de muy distintos modos. En los membretes y/o remites de sus cartas; en los rótulos de algunos de sus centros comerciales; en las paradas obligadas sugeridas en sus guías turísticas; y, sobre todo, en el mausoleo de la Redonda que guarda sus restos y en la estatua ecuestre que preside la plaza más emblemática de la ciudad, denominada, precisamente, Paseo del Príncipe de Vergara o Espolón.

Pero lo más importante no es que se comprueben y observen estos hechos irrelevantes históricamente, sino el cómo dar una respuesta coherente al porqué esto es así. Y también, avanzando un paso más y en otra dirección, el preguntarse sobre cuál es hoy el eco del General Baldomero Espartero en el contexto nacional, o más exactamente, en el de la historiografía de este nivel, cuando, como constataremos, en épocas pasadas fue tan elevado. Así que reflexionemos por partes.

Empecemos por la segunda cuestión, aunque sólo sea de manera breve o compendiosa. En un momento historiográfico español como el actual, en el que el "Sujeto" parece que ha vuelto a ser el gran protagonista de la historia, o se desea que así sea, cabría esperarse que se hubiera trabajado sobre la biografía de Espartero, al que no se le puede negar un papel fundamental en la Historia de España de la segunda y tercera cuarta parte del siglo XIX. Pero comprobamos que no ha ocurrido. Algo se ha hecho, es verdad, pero realmente es tan poca cosa, tanto cuantitativa como cualitativamente, que aún seguimos dependiendo para conocerlo de publicaciones centenarias en las que aún se hablaba sobre su "porvenir".

Y para ello no pueden alegarse eximentes, ni tampoco excusas, sobre ausencias de nuevas fuentes, pues ya hace tiempo que se han abierto los legajos de un buen número de documentos que por ley estaban cerrados en los domicilios profesionales de los Notarios y que nos dilucidan muchas preguntas. Debemos buscar, pues, otras explicaciones. Sinceramente creo que una de éllas, entre otras, es, que al estar éstos alejados de los circuitos de más fácil acceso a la impresión -entiéndase Madrid, Barcelona, Valencia,...- no ha merecido la pena acercarse hasta éllos, o si se ha hecho en algunos casos, como me consta, aún no ha habido tiempo suficiente para explotarlos como merecen.

La corta producción bibliográfica sobre el Espadón decimonónico de los progresistas aparecida más recientemente -admitamos que la nacida después de la década de los años ochenta-, o se ha limitado a elaborar síntesis generales de su vida sin prácticamente ninguna novedad sustanciosa sobre lo que ya se había escrito con anterioridad ; o a publicar "articulitos", o si se quiere "ensayos" breves, sobre aspectos muy concretos relacionados más o menos directamente con nuestro personaje. Nunca, desde luego, ni en uno ni en otro caso, con el empeño de meditar pausada y globalmente sobre la biografía de Espartero. Las únicas excepciones a esta norma corresponden a algunas investigaciones de hispanistas foráneos realizadas en los últimos años sesenta y durante los setenta, caracterizadas todas por ocuparse de aspectos generales de la Historia de España en las que se toca en ese contexto la vida del General. En este sentido son destacables los aportes de Kiernan a finales de los años sesenta sobre el papel y la actuación de Espartero durante el Bienio Progresista; o los mismos de Christiansen pocos años más tarde en cuanto a su relación con el ejército; o los de Fernández Gilbert en su tesis doctoral defendida en la Universidad norteamerica de Florida en 1974, sobre la formación del "caudillaje" de Espartero durante la primera guerra carlista.

Sobre las restantes publicaciones de los sesenta primeros años que quedan para completarse el siglo XX, aproximadamente una media docena que hemos computado, tampoco podemos ser demasiado optimistas. En general, tal y como se constata hasta por sus propios títulos, Espartero o "¡Cúmplase la voluntad nacional!" del año 1949, Espartero, el General del Pueblo, del año 1932, repiten en sus síntesis, por activa y por pasiva, estereotipos consagrados por autores o biógrafos de la centuria anterior. Lo único novedoso, y además muy aprovechable para el propósito de mi trabajo, es un apéndice de cartas escritas por Espartero a su mujer desde que se separaron con motivo de la primera guerra carlista hasta que llegó a la Regencia, insertas en el segundo de los títulos citados. Quizás se puedan también salvar algunas de las aportaciones del libro de Nido , editado en la segunda década del siglo, en especial todas aquellas referidas al rastreo de las participaciones del General en las Cortes a través de los Libros de Sesiones.
Casa-Palacio de Espartero en Logroño


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