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AMADEO VISITA A ESPARTERO

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Consejo: un sofá y la "canallesca"

1871

El joven Rey Amadeo I y el anciano General Espartero se abrazaron por primera vez en el andén de la Estación del Ferro-Carril de Logroño a las cinco de la tarde del día 29 de septiembre de 1871 y convivieron al unísono durante veintisiete horas.

Conocemos hasta el más mínimo detalle de la visita, porque la conciencia histórica de los poderes municipales de aquellos días, la dejaron descrita, como decían, en "el libro sagrado donde se conserva incólume la Historia de los pueblos", es decir, en el Libro de Actas del Ayuntamiento.

Amadeo I y su mujer

versión para los que gozan del tiempo

Amadeo de Saboya pasa por Logroño.

1871: Visita a Espartero

La visita es sobre todo un acto de cortesía formal entre lo que representan cada uno de los dos protagonistas. D. Amadeo I aparece en esos momentos históricos como la única llave de la "concordia nacional con honra", y el Excmo. Sr. Duque de la Victoria es el símbolo del estamento de los que aún pueden hacer uso de élla. Certificar públicamente el acatamiento de uno de los que simbolizan más certeramente el militarismo protector, y en este caso nada menos que el del artífice del "abrazo de Vergara", bien merece un viaje desde Madrid hasta Logroño. E incluso convivir durante todo un día, con su noche, en el propio hogar del General. Esto es lo que hacía en septiembre de 1871 el "joven Monarca", como era calificado en su alocución de recibimiento por el viejo militar.

Se necesitaba mostrar a todo el país, y quizás también a gran parte de Europa, que el General Espartero y todos los habitantes de la ciudad a la que tantas veces habían mirado todos en tiempos pasados, se enorgullecían con el nuevo Rey, porque la "suprema dignidad le ha sido conferida por la voluntad nacional". Y tanto el pueblo llano, como las autoridades y el mismísimo espadón del progresismo se prestaron a hacerlo con todos los honores y medios a su alcance. Espartero, "en traje de Capitán General y acompañado del Excmo. Sr. D. Cipriano Segundo MontesinoCipriano Segundo Monstesino y algunas autoridades militares", llegaba al andén de la Estación una hora antes de la entrada del Rey. Pero las autoridades y el pueblo lo habían hecho mucho antes para recibir previamente "en medio de un entusiasmo indecible" al ilustre convecino, "entusiasmo que rebela bien claramente que no en balde, aquel Ilustre Duque, ha sacrificado su vida entera en defensa de la libertad y por el bien de la patria", como se recoge literalmente en el Acta. El Rey, el General Espartero, el Alcalde de la Ciudad y el Capitán General del Distrito recorrieron en la misma carretela preparada por el Duque de la Victoria, el Muro de las Delicias, el del Carmen, la calle del Mercado y la Plazuela de San Agustín, para terminar en la Casa-Palacio del propio Espartero donde se alojaría el Rey. Durante el trayecto, cubierto "por las fuerzas Militares y los Voluntarios de la Libertad", "y desde el momento que ésta la comitiva se puso en marcha, las aclamaciones, el júbilo y el entusiasmo rayaron en frenesí".

Durante su estancia en Logroño el Rey prácticamente estuvo secuestrado en la residencia de Espartero, en la que incluso se celebraron las recepciones oficiales. Unicamente salió el primer día durante dos horas, de diez a doce de la noche, para presenciar "una función" en el Liceo Artístico Literario dando gusto a la "sociedad elegante"; y durante el segundo por la mañana, a primeras horas, para entregar donativos en las Casas de Beneficencia de la Ciudad, y a las diez para revistar y presenciar el desfile, con el Sr. General Espartero, de las fuerzas Militares de la Guarnición y de las de los voluntarios de Logroño, Haro, Nájera, Santo Domingo y Ezcaray". Por la tarde asistió a una corrida de toros. En el Acta se recogen igualmente las únicas palabras públicas pronunciadas por el Rey en Logroño, además sólo cuando el tren Real a las ocho de la noche arrancaba hacia Madrid: "Dios os llene de felicidades".

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ESPARTERO

P
ara Espartero, sin embargo, el día no había concluido. O mejor dicho, comenzaba a partir de las ocho de la noche. "Entonces el pueblo -se escribe en el Acta- se agrupó en derredor del valiente, del liberal, del consecuente Duque de la Victoria, y como si fuera esta la primera vez que le veía, le acompañó vitoreándole y abrazándole con tal entusiasmo que sólo a fuerza de tiempo y de vencer dificultades pudo llegar a su palacio. La alegría era excesiva, el júbilo inmenso y en el rostro venerable del caudillo de la libertad, del pacificador de España, se vieron rodar algunas lágrimas, símbolo elocuente del cariño de su corazón hacia el pueblo, por cuyo bien y prosperidad tantas veces derramó su sangre en los campos de batalla".

Y
el redactor de la visita, más embelesado, sin duda, que ningún otro de los asistentes, continuaba con estos párrafos: "Los españoles de todos los matices ven en ese Ilustre General el crisol de la honra, de la virtud, del valor y de la constancia; y no sabiendo cómo demostrarle su inmensa gratitud, quisieron en aquella noche memorable decirle en medio de las aclamaciones y del entusiasmo, que es digno del alto aprecio y consideración de todos los buenos ciudadanos. Gloria que sólo alcanzan los que, haciendo abstracción completa de sus intereses personales, consagran su vida entera a la paz y prosperidad de la patria".

Después del Bienio Progresista el General Espartero se retiró a vivir en Logroño y aquí gozó de una dilatada jubilación.

Pese a ello, todos tenían en lontananza a Logroño. Lo tuvo Prim cuando buscaba un nuevo Rey. Lo hicieron los nuevos Reyes mientras el general estuvo vivo. Aquí, en esta página, escribimos sobre el viaje que hizo el Rey Amadeo de Saboya. Y lo hará también el Rey Alfonso XII de Borbón cuando se ofició la restauración monárquica.

CASA-PALACIO


En esta Casa-Palacio de la Plaza de San Agustín en Logroño, residencia de Espartero, pasó la noche el rey Amadeo I de Saboya en su viaje a Logroño en el año 1871.

El grabado es de una publicación emblemática: "La Ilustración Española y Americana" de ocho años después, en el día de la muerte de Espartero en enero de 1879.




La sátira política

La literatura satírica del momento ocupa muchas páginas y documentos gráficos al Rey Amadeo I y sus relaciones con las distintas clases sociales y líderes políticos del momento.

Este grabado representa "al pueblo soberano crucificdo" entre el Rey y el Ministro Sagasta.

Pasaron por Logroño


"La diosa de ébano", "la bailarina de los reyes y los emperadores", la "estrella negra", con estos y otros nombres conocida Josefina Baker, estuvo en el Teatro Moderno de Logroño las dos sesiones de la tarde el 10 de abril de 1930. Fue todo un acontecimiento y el éxoto económico total. Llenos completos en ambas sesiones. Y la crítica plenamente laudatoria.

En el Frontón

Después de que Atano III alcanzara el Campeonato de pelota a mano, al vencer a Mondragónes en los tres Frontones Vascos, el propietario del Frontón Logroñés, Ramón Narvaiza Salsamendi, enfrentó la pareja una vez más en Logroño. En esta ocasión ganó, ajustadamente, Mondragonés. Siga la marcha del partido.


en el teatro


Esta "estrella" de los años veinte y treinta actuó en Logroño en varias ocasiones. Su madre riojana influyó en la predilección que sintió por el público de su tierrra.

alfonso XIII

El rey Alfonso XIII estuvo en Logroño en dos ocasiones: en 1903 al poco de alcanzar la mayoría de edad; y en 1925 con la dictadura de Primo de Rivera en pleno auge.

En la plaza

Existieron en Logroño durante el siglo XX dos Plazas de Toros: la de "La Victoria" y la de "La Manzanera". La primera desapareció por un fuego en el año 1914, la segunda, por la especulación inmobiliaria en los años finales del siglo. La Plaza de la Victoria, situada en la calle dedicada a la Duquesa de la Victoria venía funcionando desde 1864. Por ella pasaron los más destacados "Maestros" del "arte" de los toros.

en Ortigosa

1932: Alcalá Z.

El Presidente de la IIª República española; Niceto Alcalá Zamora, había estado preso en la "Cárcel Modelo· de Madrid, como el resto de los firmantes del "Pacto de San Sebastián", en los momentos finales de la Dictadura de Primo de Rivera.

Con él estuvieron un grupo de riojanos que llegaron a fraguar una gran amistad.